Mientras redacto un tema para mis alumnos observo por la ventana el pequeño jardín del claustro. Ha nevado dulcemente y la blancura esparce una luz especial. Aunque la enseñanza me ha proporcinado algunos de los momentos más felices de mi existencia, de vez en cuando, como hoy, siento el peso de las cadenas que sujetan al trabajo y a cualquier compromiso con los demás. Es inevitable, lo sé, pero vivimos tan poco tiempo que tendríamos que encontrar otra forma más humana de compaginar el compromiso con la libertad.
Sin embargo, los seres humanos a las cadenas añadimos cadenas hasta derrumbarnos por el peso: horarios, normas, costumbres, chantajes emocionales, miedos, pudor, amor propio... ¿Y si nos despojáramos de todo de cuando en cuando y quedásemos desnudos, sin adjetivos, sin nombres, reducidos a pronombres: tú, yo... como decía en su poema Pedro Salinas? Tampoco sería siempre. Solo cuando nos aprieten las cadenas. MTCC

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